498 veces visto

Crónica- Caficultora de Belalcázar pone su café en colaboración con Juan Valdez

En las montañas verdes del occidente de Caldas, donde el paisaje parece dibujado entre neblina y cafetales, hay historias que florecen con la misma fuerza que el grano que les da vida. En el municipio de Belalcázar, una joven caficultora está escribiendo la suya, entre tradición, conocimiento y sueños que ya empiezan a cruzar fronteras.

Jessica Joanna Granada Colorado tiene 25 años, es profesional en comercio exterior y, aunque sus raíces están profundamente ligadas al campo, decidió mirar más allá de las montañas sin desprenderse nunca de ellas. Su historia no es solo la de una heredera del café, sino la de una mujer que entendió que el futuro del campo también se construye con visión empresarial.

“Siempre me gustaron los números”, cuenta con serenidad, mientras recuerda sus años de colegio. Pero más allá de una afinidad académica, había una convicción: aportar valor al legado familiar. Así nació su camino en los negocios internacionales, una herramienta que hoy le permite posicionar su café no solo en Colombia, sino también en mercados internacionales.

El amor por el café, sin embargo, no se aprende en la universidad. Ese llegó mucho antes, caminando de la mano de su padre y su abuelo entre surcos de cafetales. Allí, en la cotidianidad de la finca, se sembró una pasión que hoy se traduce en cada taza.

Jessica no solo consume café, lo defiende. Habla del grano de su finca con orgullo, como quien sabe que detrás de cada cosecha hay años de esfuerzo, dedicación y una historia familiar que se resiste a desaparecer.

Esa historia dio un salto inesperado —y profundamente simbólico— en marzo de 2026, cuando su café fue seleccionado para hacer parte de una edición especial de mujeres de Juan Valdez, lanzada en el marco del Día Internacional de la Mujer. Allí, Jessica no solo participó, fue protagonista.

Su café, cuidadosamente cultivado, fermentado y almacenado tras la cosecha de 2025, encontró un lugar en una de las vitrinas más importantes del país. El proceso comenzó con la convocatoria de la International Women’s Coffee Alliance (IWCA), que reunió muestras de mujeres caficultoras de distintas regiones. La selección no fue casual: fue el resultado de años de disciplina y de una apuesta clara por la calidad.

“Fue muy gratificante”, dice. Y no es para menos. Más allá del reconocimiento personal, lo que realmente la emociona es ver cómo el café de su familia cruza fronteras, llevando consigo una historia que comenzó mucho antes de que ella naciera.

Pero Jessica no se detiene ahí. Hace cuatro años creó su propia marca: Café Ziba, una palabra de origen persa que significa “hermoso” y “maravilloso”. Un nombre que, en su voz, suena más a propósito que a estrategia. Con ella, ha logrado abrirse camino en ferias, redes sociales y mercados especializados, conectando directamente con consumidores que buscan más que una bebida: buscan origen, identidad y calidad.

Su visión es clara: crecer, generar empleo y demostrar que la finca también puede ser una empresa próspera. En un país donde muchos jóvenes abandonan el campo, Jessica propone lo contrario: quedarse, innovar y transformar.

Su mensaje es directo, sin adornos: “No se vayan de la finca. Hay que verla como esa empresa que nunca hemos visto”.

Y quizás ahí radica la esencia de su historia. En entender que el futuro del café colombiano no solo está en sus tierras fértiles, sino en las manos de jóvenes como ella, que combinan tradición y conocimiento para darle un nuevo rumbo al campo.

En Belalcázar, entre montañas y cafetales, Jessica Granada no solo cultiva café. Cultiva oportunidades, legado y una nueva forma de creer en el campo.