Con tan solo 27 años, Nicole Vanessa Cardona representa el compromiso y la dedicación de las nuevas generaciones que continúan apostándole a la caficultura. Habitante de la vereda Alto Villarazo, en el municipio de Villamaría, actualmente trabaja en la finca La Aurora como seleccionadora de café especial, una labor que exige precisión, paciencia y un profundo conocimiento del grano.
Su historia está ligada al café desde la infancia. Hija de caficultores, creció entre cafetales, aprendiendo el valor del trabajo en el campo y desarrollando un profundo respeto por la actividad cafetera, una tradición que hoy continúa fortaleciendo desde su labor diaria.
«Desde muy pequeña he estado en los cafetales. Para mí es muy satisfactorio poder aportar desde este trabajo y apoyar a quienes hacen posible la producción de un café de alta calidad», expresó Nicole.
Aunque muchos consideran que seleccionar café es una tarea sencilla, Nicole explica que el proceso requiere especial atención, especialmente cuando se trata de cafés especiales. Su labor consiste en identificar únicamente los frutos que alcanzaron el punto óptimo de maduración, conocidos como «uva» o «cereza», retirando aquellos granos verdes, pintones o secos que podrían afectar la calidad final del producto.
«Debemos tener mucho cuidado para que solo quede el café completamente maduro. Si se escapa algún grano que no cumple con las condiciones, es necesario volver a realizar la selección», explicó.
Además de su trabajo en la finca, Nicole es tecnóloga en Gestión de Recursos Naturales. Actualmente dedica gran parte de su tiempo a su hija, mientras continúa aportando a la caficultura y permaneciendo cerca de su familia. Su esposo también es caficultor, lo que convierte al café en el eje que une su proyecto de vida.
Al finalizar, envió un mensaje a las mujeres y a los jóvenes del departamento para que sigan creyendo en el campo y en las oportunidades que ofrece la caficultura.
«No abandonemos nuestro campo. Muchas personas se están yendo a las ciudades y necesitamos seguir trabajando nuestras tierras. Sin el campo no hay ciudad. La caficultura nos brinda la oportunidad de salir adelante y construir un sustento para nuestras familias», concluyó.
Historias como la de Nicole demuestran que la integración generacional en la caficultura es una realidad y que el liderazgo de las mujeres continúa siendo fundamental para preservar la tradición cafetera y seguir construyendo un campo más próspero y sostenible.
